Neal Morse ha encontrado en Jesús la respuesta a sus preguntas y el antídoto contra la desesperanza y la incertidumbre
Neal Morse es una de las grandes figuras del actual panorama del rock progresivo. El rock progresivo (también denominado sinfónico) es un estilo de música que tuvo un gran éxito en los años setenta del siglo XX con grupos como Genesis, Pink Floyd o Yes. Actualmente, está en constante evolución, y sus máximos representantes son Marillion, Porcupine Tree y Spock's Beard. A este último grupo pertenecía Neal Morse hasta no hace mucho.
En octubre de 2002, Neal anunciaba la marcha del grupo que hasta entonces había liderado para "estar más cerca de Dios" y porque sentía que el propio Dios le estaba llamando a hacer nuevas cosas. El 23 de septiembre ha visto la luz el primer álbum (tiene otros tres anteriores) en solitario tras su salida de Spock's Beard. Su título, Testimony, hace intuir su temática: nos habla del proceso que le llevó a tener un encuentro personal con Jesucristo. Porque él deposita su fe en la persona de Jesús, no en una religión o iglesia particular, y sí en una relación personal, íntima: "No pienso que tenga que ver con el cerebro o con
"No trato de inducir a las personas, nadie hizo eso conmigo"
una ideología. Tiene que ver con tu relación con Dios y tu corazón. Es un sentimiento muy personal. Recientemente leí algo magnífico: 'El cristianismo no es una religión, es una relación'. No estoy realmente interesado en la religión, ni en ninguna forma de organización. Quiero ser guiado por Dios porque creo en Él y sabe lo que es mejor para cada uno de nosotros. No trato de inducir a las personas, nadie hizo eso conmigo. Fui atraído al amor de Dios que sentía en la iglesia. Entonces, después de un tiempo, comencé a sentir algo nuevo en mi cuerpo y en mi alma".
Este proceso, que desarrolla musical y poéticamente en este doble álbum, no se produjo de la noche a la mañana: "Creo que es importante indicar cuántos años duró este proceso. En total fueron unos ocho años. Así que no desesperes. Algunas veces Dios contesta a las oraciones inmediatamente; otras, puede llevar años". Pero él sabía que "Dios estaba conmigo y me ayudaba incluso cuando me encontraba hundido en el pecado y la desesperación". Neal Morse ha encontrado en Jesús la respuesta a sus preguntas y el antídoto contra la desesperanza y la incertidumbre. "Siento la necesidad de decir que hay una 'tierra de un nuevo comienzo'* porque es la verdad. Éstas son las Buenas Noticias."
* The Land of Beginning Again es el título de la primera y última canción del disco
El 13/05/2010, el diario EL PAIS dedica a Neal Morse un reportaje que puedes leer completo aquí. Este es un extracto:
"Nadie diría que el hombre que ayer cantaba oraciones frente a un centenar de fieles en una iglesia evangélica de la periferia de Madrid va a llenar esta noche La Riviera y mañana Razzmatazz (Barcelona). Nadie diría que a sus espaldas el ex líder del grupo de rock progresivo Transatlantic lleve 22 álbumes grabados, millones de copias vendidas, colaboraciones con leyendas como Eric Burdon. Desde luego el aspecto de Neal Morse (California, 1960) no es el de una estrella de rock. Lo fue. Hasta que cambió de vida. Hace diez años había cumplido su sueño: vivía de la música. Atrás habían quedado los duros comienzos, cuando se dejaba la piel en los bares de Los Ángeles y la garganta en las calles frías. En el año 2000 Morse triunfaba, por fin, junto al batería de Dream Theater, Mike Portnoy (el mejor del mundo para Modern Drummer, revista de referencia), en la superbanda Transatlantic. "Tenía la vida, la que cualquiera habría deseado", recuerda. "Puro rock: éxito, fiesta, alcohol, mujeres... pero también mucha tristeza. Cada vez más. Quería amar y no podía".
Encontró la fe por un cúmulo de circunstancias demasiado largas como para explicarlas aquí. Hubo un detonante: su hija Jayda enfermó del corazón. Debían operarla a vida o muerte. "Recé para que se curase... y Dios la salvó: un milagro", cuenta emocionado. Había llegado el momento: abandonó el grupo y se entregó a la causa. Ahora, sin cobrar nada a cambio, recorre iglesias protestantes de todo el mundo. Vestido con vaqueros y una camisa marrón, el cantante tiene cara de no haber roto un plato. Habla despacio, pronuncia cada palabra. Siempre con una sonrisa y los ojos muy abiertos. Comparte lo que siente como un regalo: "Convertirme al cristianismo no era, desde luego, lo que se esperaba de mí". Ni por sus orígenes (una familia agnóstica que "sospechaba de todo lo religioso") ni por su entorno. Los demás miembros de Transatlantic, de hecho, mantienen sus hábitos: Mike Portnoy se acuesta de madrugada, casi cuando Morse abre el ojo. Aun así, el compositor -que lee la Biblia a diario- cree que su relación se ha fortalecido: "Ellos no se sienten raros, o no me lo dicen. Nos queremos incluso más que antes". Eso sí: fuera de las iglesias, nada de letras evangélicas. En los temas de la banda habla sobre esperanza, luz, vida, pero no sobre Jesús o Dios. Por extraño que pueda parecer, las dos versiones de Neal Morse no son en absoluto irreconciliables. En la iglesia bautista interpreta una balada que esta noche reproducirá a tope de decibelios: We all need some light, uno de los grandes éxitos de Transatlantic. Incluido el solo de guitarra, dos minutos de virtuosismo muy característico del rock progresivo. La estructura de sus canciones religiosas recuerda a las del grupo: largas introducciones de piano, solos espectaculares, como en Sing ithigh o Jailbreak. Pocas horas antes de su debut en los escenarios españoles, Morse es realista: sabe que la religión le ha restado seguidores. "No se puede contentar a todo el mundo", resume. Está convencido del rumbo que ha tomado. Otros músicos también flirtearon con la religión (basta recordar el viraje católico de Bob Dylan), aunque pocos se lo han tomado tan en serio. Una década entregado a la fe. Y lo que venga: "A Dios todavía le queda mucho trabajo conmigo".