Todos hemos escuchado la música
de Moby aunque no sepamos que se trata de Moby, pues sus temas
suenan constantemente en las sintonías y los anuncios
de radio y televisión. Prueba del encanto de su música
son los más de diez millones de copias vendidas del
álbum Play, compuesto por este descendiente directo
de Herman Melville, autor de Moby Dick y que explica el apodo
del cantante.
Tres años después de editar Play, este neoyorkino
publica un trabajo titulado 18, un álbum que, al igual
que el anterior, posee un embriagante estilo difícil
de definir: ¿tecnomelódico?, ¿electrónico?
Mejor escúchalo y defínelo tú mismo si
te apetece. En 18 colaboran voces de grandes artistas femeninas
como Sinead O'Connor en el tema Harbour, o Angie Stone y MC
Lyte, en Jam For The Ladies.
Hotel es el título de su trabajo en 2005 y Lift me
up fue el primer single, un tema que según el propio
cantante y compositor, “arremete contra los fundamentalismos
religiosos y políticos”.
Este solitario artista perdió a su padre cuando contaba
con dos años y vivió una infancia complicada,
según nos cuenta él mismo: “Mi madre y
sus amigos fumaban hachís y escuchaban música
rara, y eso me daba miedo. No tenía adónde ir,
y el único sitio en el que encontraba refugio era en
la música y en los libros”. Moby es un vegetariano
que tiene ahora sus lemas: “No a las drogas, sí
a Dios; no al sistema, no a los coches”. Su sí
a Dios es un tanto ambiguo y se puede interpretar como un
sí a lo excelente, como esa experiencia de quien besa
lo bueno, pues es cierto que todo lo bueno viene de Dios,
incluso aunque el participante de esa bondad o excelencia
no sea creyente. Oír para creer.