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La obra maestra de Katsuhiro Otomo define el concepto manga como pocas
Akira, todo Manga por hombro

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Cuando oímos la palabra "manga", nos vienen enseguida a la mente la cultura de los videojuegos, los dibujos animados de ojos enormes y toscas perspectivas, y el reflejo del sincretismo oriental. Los padres se echan horrorizados las manos a la cabeza y prohíben enseguida que sus hijos vean esos dibujos tan violentos, repletos de ideas extrañas y algunos nada recomendables para menores. Lo cierto es que hay mucho de esto en una cultura suburbial como lo es la otaku, pero mentiría como un bellaco si dijera que esta es la definición de un manga. De hecho, Bola de Dragón no es manga, ni tampoco Los caballeros del zodiaco, y sorprenderé a muchos diciendo que Heidi y Marco tampoco... incluso considero que Heidi es más dañino para la mente infantil e influenciable que el, directo y sin sutilezas, discurso Nueva Era de Goku y compañía. "Manga", significa lisa y llanamente "dibujos caprichosos" o "garabatos", en su japonés original, y se utiliza para nombrar a las historietas, del mismo modo que nosotros los llamamos cómics o tebeos. A partir de aquí, salvo por una estética particular, y la temática que se suele emplear en el manga, cualquier intento de definición partirá de conjeturas y suposiciones que no aclaran mucho las cosas, pues el manga abarca todos los géneros, y hay producción para todas las edades y sensibilidades.

"existe la intuición, de que la salida a esta situación es de naturaleza espiritual, y nunca a partir de la acción del hombre"

En lo que sí coincidirán aficionados y detractores del manga, es que hay un cómic, y una película, que ilustran perfectamente lo que es: Akira, de Katsuhiro Otomo. Basta acercarse a la monumental obra maestra de Otomo (más de dos mil páginas), y enseguida se tiene una definición, que no podrá resumir. Uno se limita a decir Manga=Akira. Y listo. La publicación en Estados Unidos de este best-seller, abrió todas las puertas a la industria del cómic oriental en Occidente. Fue un caso raro, pues los americanos (que marcaban... marcan) las pautas en gustos al menos aquí en España no estaban acostumbrados a cómics tan densos y grandes, y menos aún en blanco y negro después de medio siglo de musculosos superhéroes a todo color. Estamos a mediados de los 80, y el manga supone una forma nueva de entender el cómic. En España, estábamos leyendo algo más aparte de Zipi y Zape, del Capitán Trueno, y de los primeros Superman (imprescindibles por otra parte). De pronto estos japoneses nos traían estética diferente, y por supuesto, una cultura diferente. Una invasión que en la década siguiente fue total, cuyo pistoletazo de salida lo dio precisamente la película basada en el relato de Otomo, con el mismo nombre, en 1987, hace ya 23 años. En nuestros cines todavía mandaba Disney, y Pixar no era más que un sueño de John Lassetter (creador de Toy Story), así que el estreno de un film de animación japonesa de más de dos horas, con la adaptación que tuvieron que sufrir muchos cines para incorporar la primitiva tecnología láser que se empleó en su proyección, unido al éxito del cómic... en fin, fue una revolución.

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La desolación planetaria tras una hipotética III Guerra mundial deja lugar a las reflexiones en medio del caos de Akira
En el año 2019, 38 años después de la III Guerra Mundial, provocada a raíz de una descomunal explosión, la ciudad de Neo-Tokyo se prepara para albergar los primeros Juegos Olímpicos desde el fin de la guerra. Japón entera está al borde del conflicto interno, debido a los constantes problemas políticos, que lleva a sus habitantes a delinquir, especialmente los jóvenes, quienes  vagan sin rumbo por una sociedad que no tiene nada que ofrecer, salvo la omnipresencia del ejército, y un cada vez más encendido fervor religioso que predica la inminencia del fin del mundo y la llegada de Akira, una especie de "mesías" artificial que, según dicen, fue el causante de la explosión causante de la guerra. Kaneda y su pandilla se interpone sin saberlo en los planes de un equipo de científicos que trabajan en controlar la fuerza destructora del sujeto Akira, con el fin de emplearlo como arma. Tetsuo, amigo de Kaneda, sufre un aparatoso accidente y es llevado a unas instalaciones militares, lugar donde los científicos descubrirán que posee lo que ellos llaman "energía absoluta", necesaria para controlar la potencia destructora de Akira. Tetsuo, que padece desde siempre problemas de autoestima y de integración, logra escaparse de los que tratan de experimentar con él, convirtiéndose en una amenaza para el mundo. Esta es la compleja trama desarrollada durante seis largos tomos, en los que no falta acción, un grupo de resistencia, escenas surrealistas e inquietantes, e intrigas de corrupción política.

"el aspecto espiritual es muy ambiguo, como lo puede ser en un niño, y sacar conclusiones muy tajantes puede confundir más que esclarecer"

El conjunto es un mapa de la irresponsabilidad humana, y por extensión, de la variedad de temáticas que tienden a emplearse en la cultura otaku: una descontrolada invasión tecnológica; una sociedad de corte futurista donde la justicia no existe;  la destrucción y desolación como paisaje sobre el que se vive, sin un empeño claro por la reconstrucción; y la certeza, o al menos la intuición, de que la salida a esta situación es de naturaleza espiritual, y nunca a partir de la acción del hombre. La técnica es innovadora, algo propio del dibujante oriental más occidental: contraplanos, enfoque subjetivo, dibujos detallados, expresiones realistas, grandes escenarios... Una historia atípica y, paradójicamente, representativa del manga desde los ochenta hasta hoy. Trata de una sociedad postmoderna, pero el centro de la historia son Kaneda y Tetsuo, dos inadaptados sociales con una amistad rota por el cambio de liderazgo en el momento en que Tetsuo es consciente de que tiene ciertos poderes psíquicos. La película viaja por derroteros mucho más propios de la filosofía oriental, no sólo por la terminología de "energía", "fuerza", etc... Además está la idea de que la vida y el espíritu están presentes en todas las cosas que nos rodean, y que todos formamos parte de una misma cosa, de una misma esencia. Por lo tanto, la verdad sale de uno mismo, de su interior. No hay que negarse, sino reafirmarse. Este es el ideal que poco a poco va calando en nuestra moral y en nuestro pensamiento.

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"Examinadlo todo y retened lo bueno", dice el apóstol Pablo en 1ª Tesalonicenses 5: 21 (La Biblia). Visto lo visto, a priori pocas cosas buenas podemos retener. Pero es que, quizá por vez primera en un autor de cómic oriental con inclinaciones filosóficas en sus argumentos, se limita a reflejar el pensamiento predominante en el medio donde vive, tratando de ser objetivo y no convencer. Él mismo confiesa en algunas entrevistas, que su misión es observar. Tiene especial interés en la figura de la infancia. Muchos de sus colaboradores lo definen como un adulto con corazón de niño, por su franqueza y predisposición para escuchar. De hecho, el aspecto espiritual es muy ambiguo, como lo puede ser en un niño, y sacar conclusiones muy tajantes puede confundir más que esclarecer. Lo que sí está claro, y mucho de esto está presente en el cómic (más que en la película), es que la solución a la decadencia, no proviene de nosotros mismos, de nuestro interior. Para un cristiano, la esperanza pasa por caminos que no podemos indicar sino apuntando a su final: la vida eterna en Cristo. La libertad, la salida a un mundo en destrucción, es tan compleja que no se puede atrapar ni concentrar. Igual que en esta historia, lo que llaman Akira (que algunos ven como la salvación), es tan indefinible que no se conoce su alcance, ni sus efectos secundarios. Lo que sí sabemos es que Cristo, nuestra salvación, y la vida que en él hay, no tiene fin. Que no es una salvación artificial ni un falso consuelo pasajero, sino una realidad capaz de transformar la oscuridad en luz, la guerra en paz, y el dolor en ternura. Como la del niño que en su inteligente inocencia, que más nos valdría recuperar, acude a los pies del Salvador. Hay en la historia de cada vida un día que puede darle un inagotable sentido al resto de la existencia. En cada individuo está la responsabilidad de decidir. El final de la versión cinematográfica de Akira no puede ser más claro al respecto: en la calma tras la destrucción final, una frase que no sabemos quien la pronuncia dice "... y ese día, ya ha llegado."

FICHA TÉCNICA
Título original: Akira
Autor: Katsuhiro Otomo
Editorial española: Ediciones B. El primer tomo va ya por su 8ª edición.
Formato: Obra completa en 6 tomos, 15,50 € cada uno. Tomos tamaño grande (18x26 cm), b/n con solapas, de entre 288 y 438 páginas. cada uno (por orden, tomos 1 a 6: 364, 304, 288, 400, 416 y 438 pgs respectivamente).
Premios: Eisner 2002 (mejor obra extranjera; otorgado a la reedición en EEUU

         © Daniel Jándula, novelista y crítico de arte para Delirante.org

Akira es para muchos muy popular gracias a la película:

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