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ENSAYO SOBRE LA CEGUERA DE SARAMAGO
A ciegas
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Basada en la novela del Nobel portugués José Saramago, el autor había rechazado hasta 20 propuestas diferentes para la adaptación de Ensayo sobre la ceguera, hasta que llegó Fernando Meirelles con A Ciegas | A ciegas (Blindness) es la adaptación cinematográfica de la novela de José Saramago "Ensayo sobre la ceguera". El premio nobel portugués recibió más de veinte propuestas para llevar al cine su obra, siendo rechazadas en su totalidad. Hasta que llegó a su mano la idea de Fernando Meirelles, director de films como Ciudad de Dios o El jardinero fiel. Lo único que no le gusta a Saramago es el título A Ciegas: "hacer las cosas a ciegas es hacerlas sin saber lo que quieres hacer realmente y no es lo que ocurre en la historia, donde todos los personajes son ciegos de verdad". El resultado, es "una adaptación casi perfecta" según Saramago, el único que puede juzgar si el largometraje está realmente impregnado de la intención original.
Los protagonistas Julianne Moore, Mark Ruffalo, Danny Glover, Alice Braga y Gael García Bernal entre otros, son afectados por una extraña enfermedad que no presenta síntomas pero que provoca una ceguera repentina y total. Ante la alarma general, un grupo de afectados es recluido en cuarentena en un establecimiento ruinoso, semejante a una cárcel, sin más apoyo que el de las cajas de comida que les hacen llegar cada día. La protagonista (Julianne Moore) finge haber perdido la visión para poder estar al lado de su marido, también invidente a causa de la epidemia. Y es a través de los ojos de ella que el espectador conoce el nuevo mundo de los ciegos. Solo así se nos coloca en la posición de fantasear
¿Qué sucedería si todos sufriéramos semejante patología? La belleza, como concepto visual, desaparecería "La ceguera es una bendición para los ciegos" se llega a decir en la película. Pues la nueva hermosura, la de la penumbra, se demuestra con palabras y hechos. Tampoco sirven las joyas ni la ostentación externa, pues nadie puede apreciarla y acaba cayendo en el olvido. Muchos, incluso, llegan a despojarse de sus ropas, ajenos a la vergüenza de la desnudez. La piel se toca, pero tampoco se ve, por lo que no hay racismo. "Ese debe ser negro" dice uno "Lo sé por su voz." Pero en realidad se equivoca y suena a sinsentido.
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"La película lleva al espectador a la conclusión de que en realidad todos estamos ciegos" | Quizás así, en esas extremas circunstancias, es posible que la prostituta se enamore del anciano negro, al no verse no se discriminan, anhelando él no recobrar jamás la vista, pues ahora sí pertenece a un grupo, se siente amado y tan útil como los demás, es en la sombra donde al fin halla su valía.
En el centro de aislamiento se forman dos bandos, el de los que buscan el apoyo mutuo ante la dificultad y el de los resentidos con su suerte, que pagan con el resto su dolor, sometiéndolos y esclavizándolos. Porque la discapacidad adquirida no nos convierte en mejores personas, ni el pobrecitos, sino que en muchas ocasiones instala en el corazón una amargura supurante, fruto de la impotencia y el dolor no elaborados. Mientras, fuera, la ceguera se extiende y las ciudades se paralizan. Grupos de desorientados pueblan las calles, agudizando los sentidos que aún tienen vigentes, la vida se les reduce a la búsqueda de alimento y refugio, a lo más primitivo de la subsistencia.
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José Saramago en la presentación de A ciegas en la Casa de América de Madrid | En el fondo, y por encima de los detalles de la invidencia, es un relato de la bajeza del ser humano, llevando al espectador a la conclusión de que en realidad todos estamos ciegos, a muchas verdades que ignoramos. Nos quedamos en lo inmediato y externo, sin ir más allá, buscando lo nuestro, lo instintivo caiga quien caiga. Es Dios el único que nos abre el entendimiento profundo y nos muestra nuestra verdadera condición. Despojados de todos los aderezos innecesarios que nos creamos, es cuando nos descubrimos tal cual, limitados y débiles, necesitados de nuestro Señor y Padre que nos dice: "Porque tú dices: Yo soy rico, y estoy enriquecido, y no tengo necesidad de ninguna cosa; y no conoces que tú eres un desventurado y miserable y pobre y ciego y desnudo;" (Apocalipsis 3, 17)
Pero tras esta cruda descripción de nuestra condición, Saramago inyecta la esperanza de la luz, que vuelve paulatinamente. Esa misma esperanza, pero eterna, es la que nos regala Cristo. No solo se nos cae el velo de los ojos y adquirimos la conciencia de nuestra capacidad de herir y destruir, sino que la buena noticia que le sigue es que Jesús cargó con esos errores que cometimos al estar ciegos, los cargó en la cruz. Ahora nos da la bienvenida al mundo de la luz a través del arrepentimiento y la fe, por medio de "Aquel que os ha llamado de las tinieblas á su luz admirable…" (1 Pedro 2, 9). Pero también nos recibe en la resurrección y a la vida eterna. Gracias a Dios por ello, porque antes estaba ciego y ahora puedo ver.
© Por Julia Jiménez, colaboradora de Delirante y columnista en La Razón
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