Sábado 2 de octubre 2010: Entrega de premios en Madrid del II Certamen Delirante de relato breve. La muerte y la vida como tema de 2010


La duda: ¿Es posible conocer la verdad?

duda
El periodista y crítico de arte español José de Segovia escribe un interesante artículo acerca de la película La duda, dirigida por Patrick Shanley. Una producción independiente que fue candidata a cinco Oscar, protagonizada por la veterana Meryl Streep y el impresionante Philip. Si artículo se titula La duda: ¿podemos conocer la verdad?, del que te ponemos un extracto del mismo:

EL PROBLEMA DE LA DUDA
"¿Qué haces, cuando no estás seguro?", se pregunta el sermón, al principio de la película. Y ¿qué hacemos, cuando tenemos dudas?, nos preguntamos nosotros: ¿Las mostramos abiertamente, y las analizamos?, ¿o las silenciamos, como si no existieran? La forma cómo reaccionamos ante la duda es una señal muy clara de nuestra actitud ante la vida. Los cristianos son a veces conocidos por no tener dudas, o su pretendida fácil capacidad para resolverlas. ¿Por qué? Si la duda es algo humano y universal...

Ante la fe, parece que la duda es algo de lo que hay que avergonzarse. Porque no parece honesto ser creyente y tener dudas. La verdad sin embargo, es que el pensamiento cristiano no ha sido tan afectado por dudas específicas, como por el conce

"¿Por qué si no el racionalista que cuestiona todo, no duda de la duda misma? Sencillamente porque nadie puede dudar de todo"

pto mismo de la duda que se tiene hoy. La duda se considera el instrumento para conocer la verdad. Es como si para recompensar sus servicios, se la hubiera distinguido como "crítica, sistemática o racional". Frente a una confianza basada en la autoridad y la tradición, se nos dice que la duda nos lleva más allá de la "simple creencia". Puesto que somete la realidad a un riguroso examen, hasta no quedar más que algo "indudable, ciertamente fuera de "sombra de toda duda".

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El problema de la duda metódica es que nadie la lleva a sus últimas consecuencias. ¿Por qué si no el racionalista que cuestiona todo, no duda de la duda misma? Sencillamente porque nadie puede dudar de todo. Para vivir con sentido, tenemos que suponer o creer en algo. De hecho, para poder dudar de algo, tenemos que creer primero en algo. No hay nadie que no tenga fe en ese sentido. Ya que como nos advierte Pascal, "nunca ha existido un verdadero y perfecto escéptico". Puesto que "pocos hablan dudosamente de su escepticismo". De hecho, los escépticos nunca dudan de su escepticismo.

CREO, ¿POR ESO A VECES TAMBIÉN DUDO?
La dura crítica se basa de hecho en un mito: la idea de que el conocimiento humano puede ser objetivo. Cuando como decía Ortega, "mientras seamos sujetos, seremos subjetivos; habría que ser objeto, para poder ser objetivo". Todo conocimiento necesita presunciones. Es imposible dudar de algo, sin que haya algo sobre lo que no dudemos: nuestras propias suposiciones. La duda no es por lo tanto la negación de la fe.

Como en la canción de Luis Alfredo, podemos decir incluso: "Creo, por eso a veces también dudo". Puesto que la duda no es una amenaza para la fe. La vergüenza no es que uno tenga dudas, sino que uno esté avergonzado de ellas. No hay que tratar la duda como algo terrible, sobre lo que no podemos hablar, que roe la mente como la sospecha de un cáncer, angustiando la conciencia con sentimientos de culpa... Aunque tampoco se debe exaltar la duda como señal de inteligencia. Muchos hablan de sus dudas, no para resolverlas, sino para provocar las simpatías de otros. Son los que se definen a si mismos por sus problemas. Se desacreditan por sus dudas, pero al mismo tiempo se aferran a ellas como su posesión más valiosa. Ambos extremos de hecho no son tan contradictorios. Muestran una misma actitud hacia la duda.

"Me gustaría poder creerla", dice la hermana James a la hermana Aloysius (para así poder dormir por la noche). El problema es que no es precisamente su fe, la que le permite descansar. Pero hay una verdad más allá de lo que podemos entender, que hace que como dice el sermón, "cuando uno está perdido, no esté solo". En nuestras dudas podemos confiar en esa verdad que nunca cambia. Porque Cristo es la verdad misma (Juan 14, 6). Y su mano nos lleva por el camino de la propia vida. Unidos a Él, ¿qué importan las dudas? Podemos creer, aunque a veces también dudemos"

© Por José de Segovia, periodista, escritor y pastor, colaborador de Delirante.org

A esto añadimos que es cuando tomamos conciencia de nuestra realidad cuando se consigue apartar el estridente ruido del ocio y los quehaceres para pensar si hay algo que dure para siempre. Lo cierto es que si nos esforzamos por escapar de la cultura del "no pensar por uno mismo" nos enfrentamos a decisiones que pueden cambiar nuestra vida. Cuando somos valientes, de repente se nos ofrece el escape a la mediocridad y al vacío. Ahí es cuando nos paramos en seco y nos confrontamos: ¿qué hago yo con mi vida? ¿Cuál es el verdadero sentido de mi existencia? A estas preguntas tan filosóficas, tan cristianas, tan
"todo aquello de lo que se duda es porque se cree o se tiene mal creído"
humanas al fin y al cabo, se enfrenta de cara el Jesús de los evangelios. Y lo hace de una forma rotunda y políticamente incorrecta: presentándose a sí mismo como "El camino, La verdad y La vida". No habla de una religión o de practicar un puñado de ritos, sino de una relación personal y cotidiana con el Creador mismo del universo que se hace accesible y nos da una nueva vida gracias a su perdón, su ayuda sobrenatural y la revelación de su plan en el evangelio. Enfrentarse a alguien que decide ser ajusticiado y atormentado para justificar tu reconciliación es un reto tan fuerte que puede complicar nuestra decisión de optar por lo auténtico. En palabras del escritor C. S. Lewis, el desafío es sencillamente rotundo: Jesús sólo podía haber sido un loco, un mentiroso o el Salvador del mundo. Nada más.

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Si por un momento nos planteamos la última posibilidad, la de que Jesús es Dios en cuerpo humano, nos encontramos ante una crisis personal que puede situarnos ante la duda: ¿Decido creerlo (=vivirlo)? ¿Qué pasará con mi vida entonces? Quienes deciden creer, afirman que lo hacen a pesar de ciertas dudas... ¿Es posible esto? Muchos creemos que sí pues aunque la duda se convierta en soplo de incredulidad es también un síntoma de salud y de cerebro fresco, pues todo aquello de lo que se duda es porque se cree o se tiene mal creído. Y es que dudar significa "mirar con cuidado a todos lados, estar atento a toda realidad circundante, hacerse cargo de las cosas, y entonces, seguir adelante" (Julián Marías). Dudar es escoger, porque si creemos que Dios es real no debemos tener miedo a las preguntas. A ninguna. La verdad de Jesús es la verdad que renuncia a imponerse a quien no opta por abrazarlo y sólo se acepta desde dentro de uno mismo, con decisión y firmeza ante la aventura de ser un discípulo del Creador. También debemos dudar de nuestras dudas. Convertirse en su seguidor es una decisión basada en la fe y también en la razón, porque podríamos haber creído en cualquier cosa en lugar de elegir creer a Jesús. Jesús no va contra la razón, pues aunque la razón es limitada y está trastocada, ¿Cómo se va a oponer a la razón quien la ha creado? El evangelio sana la razón. Sólo ahí existe libertad.

© Por Delirante.org



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