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John Lennox, Doctor en ciencias en la universidad de Oxford para el curso: Fe, razón y ciencia
¿Existe una mente detrás del universo?

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¿El universo se ha formado por azar? ¿Podemos afirmar esto cientificamente o sólo como una creencia personal? ¿Hay indicios de una inteligencia superior en la creación del Cosmos? ¿Podríamos saber por qué hemos sido creados?

Si hay una mente detrás del universo, y si esa mente quiere que estemos aquí, ¿cuál es el propósito de nuestra existencia? Es esta cuestión la que por encima de todo preocupa al corazón humano. Y el análisis científico del universo no puede respondérnosla, del mismo modo que el análisis científico de un pastel no nos explica por qué se preparó. El análisis científico del pastel puede decirnos que es bueno para los seres humanos; incluso que es muy probable que haya sido diseñado con los seres humanos en mente, ya que se ajusta bien a sus necesidades nutritivas. En otras palabras, la ciencia es capaz de apuntar la conclusión de que detrás del pastel hay un propósito; pero no puede decirnos exactamente qué propósito es ése. Y sería absurdo buscarlo en el pastel pues sólo el pastelero puede revelárnoslo.

La verdadera ciencia no se avergüenza de su incapacidad en este punto, simplemente reconoce que no está equipada para responder a estas preguntas. Del mismo modo, es un grave error metodológico inspeccionar los ingredientes del universo -su materia, sus estructuras y sus procesos- para averiguar para qué estamos aquí. La respuesta tendrá que venir de fuera del universo, de algo o alguien cuya relación con el universo sea similar a la del pastelero con su pastel. Ahora bien, ¿cómo averiguarlo? Existen evidencias a favor de una mente detrás del universo, de una mente que deseaba que estuviéramos aquí. Y disponemos también de una mente propia. No es, por tanto, ilógico que una de las principales razones para explorar ese fascinante universo que es nuestro hogar, sino también para comprender la mente que nos ha proporcionado ese hogar.

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"El análisis científico de un pastel no nos explica por qué se preparó. Sólo el pastelero puede revelárnoslo", afirma John Lennox, científico de la Universidad de Oxford
Además, los seres humanos podemos dar expresión a los pensamientos de nuestras mentes y comunicarlos a otros. Por tanto, sería muy sorprendente que la mente de la que derivamos sea menos capaz de expresarse a sí misma y de comunicarse que nosotros. Ello nos lleva directamente a la cuestión de si hay alguna evidencia creíble y seria de que esa mente haya hablado alguna vez a nuestro mundo [...]. Lo que está detrás del universo no es una abstracción, ni siquiera una fuerza impersonal. Es un Dios personal. Y al igual que el pastelero no forma parte del pastel, Dios tampoco forma parte de la materia del universo. Pero hay más. Si lo que hay detrás del universo es un Dios personal, eso tiene implicaciones de muy largo alcance en la búsqueda de la verdad ya que implica que puede haber otras formas de conocimiento aparte del estudio puramente científico. Las personas nos comunicamos de modo diferente que las cosas. Como personas, podemos llegar a conocer a otras personas. Por tanto, la siguiente cuestión lógica es: Si el creador es personal, ¿ha hablado directamente (de manera distinta a lo que podemos aprender de él por medio de las estructuras del universo)? Porque, si hay un Dios y ha hablado, lo que dicho será, por definición, de tremenda importancia en nuestra búsqueda de la verdad. [...]. Inevitablemente, pues, todos en general, y no sólo quienes hacemos ciencia, hemos de elegir nuestro supuesto de partida. No hay muchas opciones; en el fondo, sólo dos. O bien la inteligencia humana debe en última instancia su origen a la materia inconsciente y carece de propósito, o bien hay un creador. Es extraño que algunos afirmen que la inteligencia les lleva a preferir la primera opción a la segunda.

© John Lennox, doctor en ciencias para el curso: Fe, razón y ciencia, organizado por el Departamento de Educación de la Universidad de Oxford y recogido en el libro ¿Ha enterrado la ciencia a Dios?, 2003, pp. 137-141. Publicaciones Andamio



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