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Prohibiciones del cristianismo

 

“He cometido el peor pecado que uno puede cometer. No he sido feliz” 
Jorge Luis Borges
 
Un amigo comentaba que él veía el cristianismo como un cúmulo de prohibiciones que coartan la libertad y reprimen. Desde su postura no podía comprender aquellas palabras del mismo Jesús de Nazaret cuando afirma que “sólo si yo os libero seréis verdaderamente libres” (Juan 8, 36).
 
Percepciones de mi amigo aparte, es cierto que la fe cristiana contiene prohibiciones. Aunque la esencia del mensaje evangélico sea la gracia, el perdón y la liberación, también existen mandatos y órdenes inherentes a la práctica cristiana. ¿Y cuáles son algunas de esas actitudes tan perniciosas que se nos prohíben? Son bastantes, desde luego. El poeta Pablo Neruda enumera algunas de ellas: “Queda prohibido llorar sin aprender, levantarte un día sin saber qué hacer, tener miedo a tus recuerdos. Queda prohibido no luchar por lo que quieres, abandonarlo todo por miedo, queda prohibido no demostrar tu amor, hacer que alguien pague tus dudas. Queda prohibido dejar a tus amigos. Olvidar a toda la gente que te quiere. Queda prohibido tener miedo a la vida y a sus compromisos, no pensar en que podemos ser mejores. Queda prohibido no creer en Dios y dejar de darle las gracias por nuestra vida...”

“queda prohibido tener miedo a tus recuerdos, no luchar por lo que quieres, abandonarlo todo por miedo”

Pues sí, mi amigo tenía parte de razón en su argumentación. El evangelio también abarca contundentes e inflexibles restricciones. Pero claro, quien no quiera asumir prohibiciones..., puede hacerlo No será Dios quien se lo prohíba.

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