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Lo que se DICE sobre marte

 
Imagen del planeta Marte con el robot de la NASA Spirit (Espíritu). El artilugio se posó con éxito en lo que se cree que fueron las grandes aguas de Marte.
En los últimos tiempos hemos visto diferentes imágenes de Marte, un planeta que engaña, porque, aunque lo vemos rojo y desértico, lo que allí hace es, en realidad, un frío que pela. Pero a pesar de esas docenas de grados bajo cero, hay un artefacto llamado Spirit (Espíritu) que durante un tiempo se paseó por allí, un robot que envió fascinantes fotos a la Tierra a gran resolución óptica y que nos ha permitido ver sobrecogedores paisajes extraterrestres que durante un instante hacen que el segundo versículo de la Biblia nos parezca saludar: “Y la tierra estaba desordenada y vacía, y las tinieblas estaban sobre la faz del abismo, y el Espíritu de Dios se movía sobre la faz de las aguas” (Génesis 1, 2). Tierra desordenada y vacía y el Espíritu caminando por lo que se presupone que fueron las aguas de Marte es lo que ahora vemos. Pareciera como si el ser humano quisiese repetir la obra de Dios, incluso sin saberlo.    
           
Pero si Dios existiese, me pregunto: ¿por qué y para qué tanto planeta volante? ¿Hay vida en otros mundos? Quizás nos quedemos con las ganas de saberlo, y por eso el propio Jesús de Nazaret dijo en su tiempo: “Si os he dicho cosas terrenales, y no creéis, ¿cómo creeréis si os dijere las celestiales?” (Juan 3, 12).
 
“si Dios existiese, me pregunto:
¿por qué y para qué tanto planeta volante? ¿Hay vida en otros mundos?”
 
¿Importan las preguntas sin respuesta? Son muchos los interrogantes que surgen en la mente del ser humano. ¿Hacia dónde vamos?, ¿de dónde venimos?... Muchos de nosotros hemos decidido confiar en Dios sin tener todas las respuestas de nuestro lado: un lote de insatisfacción provisional que también incluye preocupaciones verdaderamente serias, como las relacionadas con el sufrimiento humano. Pero, a pesar de todo, la persona y palabras de ese Jesús sí nos sacian; nos da lo que ahora necesitamos y nos enseña que nuestra responsabilidad y alegría consiste en vivir en el amor y en la fe que va y viene de Dios, en un lugar donde nuestro entorno, a diferencia del inerte hábitat marciano, se torna en un lugar donde “el viento sopla de donde quiere, y oyes su sonido; mas ni sabes de dónde viene, ni a dónde va; así es todo aquel que es nacido del Espíritu de Dios” (Juan 3, 7). Fe pura y confianza pura, sin distracciones innecesarias.
 
Y es que el Spirit de Marte apenas caminaba sobre la roca, como contraponiéndose al Espíritu sobrenatural de Dios, aquel que penetra en la libertad proveniente de la Roca inalterable que es Jesucristo. El Espíritu de Dios es el viento que transforma la superficie del corazón de hielo y desierto en calidez y manantiales, por lo que es cuando exponemos nuestras dudas a Él cuando brota la pregunta más sensata: ¿Qué quieres, Dios, que yo haga con mi vida? Y ahora sí: Dios, su Espíritu y su Palabra pasan a tener la respuesta.

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